Berenice se mira en el espejo y recuerda como una vez fue una especie de cenicienta, como escapó de su casa para ir a un gran baile en el castillo. Una joven enamorada de un principe azul que le quería y que le hizo promesas muy bonitas sobre que algún día ella sería la reina, que la amaba y que deseaba pasar hasta el último día de su vida junto a ella.
Se confió, le creyó y ahora paga las consecuencias de sus actos.
Ahora camina por este pueblo. Recordando como su principe despues de bailar aquella mágica noche con ella y prometerle amor eterno ahora esta en brazos de otra, una princesa de un hermoso y lejano reino.
Porque se cuenta una historia muy bonita por ahí, una historia de que el principe corrió a buscarla con el zapato de cristal en mano y la llevó al castillo, un cuento de hadas.
Lo que nadie cuenta es que el principe no se podía casar con alguien que limpiaba chimeneas y tampoco quería la verdad, quien podría imaginar que alguien como ella llegará a ser reina, sería una aberración pensarían muchos, nadie dijo nada, no hizo falta el principe simplemente escogió.
Por tanto ahora se encuentra andando sola, su maquillaje se ha corrido por culpa de las lagrimas, el precioso vestido se ha roto y practicamente desecho. Y sus zapatos de cristal le dañan los pies. Así que ahora vuelve lentamente y triste a su casa.
No todos los cuentos son de hadas.
No todos los principes son azules.
Este cuento no ha acabado bien
Y la única corona que llevará será de barro.
Porque ella al fin y al cabo, es una cenicienta de barro.
Aunque la esperanza nunca perdió y al final un principe, el mas bueno de todos, encontró.
Dedicado al amor de mi vida.

Me gusta esta versión, con final feliz también, pero con otro príncipe.
ResponderEliminarSi es que los azules son unos 'sosainas'...