jueves, 7 de octubre de 2010

Una perfecta vida.

    Una vida perfecta, eso era lo que muche gente le había dicho a lo largo de los años, le recordaban que tenía todo lo que pudiera desear: Dinero, mujeres, fama, un coche fantastico, familia y trabajo. Que mas podía pedir.

    siempre causaba sensación por donde iba, los hombres le miraban con envidia mal contenida y celos demostrables, las mujeres lo observaban con lujuria, deseosas de incarle el diente a la menor ocasión. 

    Sus amigos de la infancia le admiraban, se enorgullecían de conocerlo ante los demás. Le decían que siempre estaba alegre, risueño y feliz, que era un DonJuán con éxito y una vida perfecta. Allá donde iba le rodeaba la gente, las mujeres se lanzaban contra el, muchas de ellas ebrias de alcohol incluso le insinuaban cosas al oído, otras fingiendo estarlo se lanzaban a sus brazos, e inevitablemente siempre acabab con algún número de teléfono mal apuntado en una servilleta de bar.

   Todo el mundo adoraba a su familia. Cuando veían a su hermana se desacian en alagos y le acaban pidiendo su dirección, él con una sonrisa los mandaba al diablo. Quería mucho a su hermana y no iba a dejarla en manos de algún energumeno de esos. Su madrastra aún le enviaba regalos por navidad, buenos presentes que le eran muy útiles. 

    Claro... pero todo cambia cuando te pasas siete meses en coma, cuando te despiertas en la cama de un hospital sin poder mover tus músculos, con como último recuerdo las luces de una furgoneta negra que va a toda velocidad hacía ti y de fondo los gritos desgarradores de tu hermana diciéndote algo que no lográs entender. Ahí ya no importan los amigos, ni las mujeres, ni los coches. No, en ese momento, da igual.

    También es curioso como la gente cambia, las mujeres ya no se derriten cuando pasas a su lado en silla de ruedas, te miran con tristeza y compasión. Los amigos se van, te olvidan y cuentan en los bares la historia de tu vida, como su ya estuvieras muerto.

    Y todo empeora cuando te enteras que tu hermana, la única persona de toda tu familia a la que amas y aprecias esta en la cárcel por asesinar al hombre que te condenó a tu estado. Y te odias, te enfureces por haberle arrancado su inocencia, aunque no has sido tu, te culpas y no puedes evitarlo.

    Ahí es cuadno te apetece darle un puñetazo en la boca a las personas que hay a tu alrededor día y noche diciendote que lo sienten, que te pondrás bien, tu no lo crees. Te sientes perdido y solo, roto y destrozado.

    En ese momento, cuando tu vida se hunde, es el instante en que alguien llama a la puerta de la habitación, es tu mejor amigo, tu único verdadero amigo. Dante. El Italiano. 

   Se acerca a ti y con una sonrisa sincera te dice "Joder Hugo, estas hecho una mierda y eso que antes ya eras feo" Y esas palabras hacen mas por ti que todo lo que te han dicho en las tres semanas que llevas atado a la silla. Esas palabras te llenan de una manera que ni tu mismo reconoces la voz que sale cuando le contestas altanero "Vete a la mierda Romano!".

    Y llega el subidón de alegría, ahí es cuadno vuelve el ego y la prepotencia, le mirás con una sonrisa de medio lado y el te dice que tiene trabajo para tu, que muevas el culo , que hay que salvar a tu hermana.

    Todo vuelve a cobrar sentido una vez mas, te sientes con fuerzas y sabes en ese momento que tu actual estado es transitorio, que volverás a andar, porque aunque no tengas tu dinero, ni las mujeres, ni la fama, tienes lo mas valioso de la existencia. Un amigo capaz de dar la vida por ti.

    Y en dos meses estas de pie, con tu hermana y tu mejor amigo celebrando tu cumpleaños en una habitación de hotel, sonriendo y riendo como nunca. Porque en los verdaderos momentos no hay dinero, ni mujeres, ni siuqiera regalos, porque en esos momentos lo que de verdad importa es que tengas a tu seres queridos cerca. 

    Y sientes por primera vez, en ese justo instante, que tu vida ahora si que es realmente perfecta.

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