El tren cerró las puertas y con ellas David cerró su pasado. Le quedaba un largo viaje por delante y lo único que quería era en llegar cuanto antes. Hacía tanto tiempo que no veía a sus hermanos que estaba ansioso por reencontrarse con ellos, por poder abrazarlos de nuevo, siendo por fin un hombre libre. Y por supuesto estaba ansioso por presentarles al joven de 11 años que se sentaba con una enorme sonrisa frente a el.
Le había costado mucho llegar a ese tren. El siempre era el bueno de la película, era el hijo modelo, el que nunca se metía en líos o alzaba la voz. Nunca replicaba ni discutia, acataba todo aquello que se le decía sin oponer resistencia y siempre cumplía todo aquello que le ordenaban. Pero eso había acabado, habían hecho falta 27 años para que abriera los ojos y descrubiera la manipulación de sus padres. El odio que le dedicaban a su pequeño cada vez que lo veían, el patético intento de afecto que simulaban con su nieto. Había necesitado mucho tiempo para darse cuenta que hasta ahora había vivio en una falsa idea de libertad y comprensión, hasta ahora había sido, sin saberlo, el muñeco de sus padres, cada una de sus decisiones había sido programada. A excepción de la que tenía frente a el. Ese había sido un duro golpe para sus padres y accedieron a apoyarlo, ahora se daba cuenta de la verdad y del porque le dieron tal ayuda.
Pero todo había acabado, no mas ordenes enmascaradas de sugerencias, ni mas decisiones disimuladas en preguntas. Ahora por fin era libre e iba a aprovecharse de ello para ser como realmente quería ser. El joven contable se había quedado en Barcelona, el profesor de Historia era quien se sentaba en ese asiento de tren.
La verdad es que odiaba viajar en tren, prefería mil veces ir en su moto, pero un viaje tan largo no lo podía hacer en moto y menos con su hijo y el equipaje.
Al cabo de unos minutos ya se sentía aburrido, siempre había sido inquieto, desde que nacio y es saber el tiempo que iba a permanecer sentado le crispaba los nervios. su hijo estaba leyendo "Eragon" y estaba por subirse por las paredes. Busco en su mochila algo con lo que entretenerse, rebuscó un poco entre la ropa de emergencia y objetos de aseo y encontró uno de los libros que había metido en su mochila, lo abrió por una página al azar y comenzó a leer. Casualmente era uno de sus pasajes favoritos.
No sois en absoluto parecidas a mi rosa; no sois nada aún. Nadie os ha domesticado y no habéis domestícado a nadie. Sois como mi zorro. No era mas que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.... Sois bellas, pero estaís vacias, no se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella solo es más importante que todas vosotras, puesto que ella es la rosa que he regado. Puesto que ella es la rosa que abrigué con el biombo. Puesto que ella es la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que ella es la rosa que escuchue quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces callarse...
- Disculpe -David alzó la mirada, acabando en párrafo en su mente.- ¿Está ocupado el asiento?
... Porque ella es mi rosa.
Se quedó petrificado mientras contemplaba a la dueña de la dulce voz. Una bella morena le estaba mirando, estaba asomada a su izquierda, llevaba la mochila colgada al hombro y una chupa de cuero en la mano. Su encantadora sonrisa iluminaba el vagón. Se acercó un poco mas arrastrando consigo otra mochila, al verla de cerca vio que tenía unos ojos precioso, el color de los mismos era un tanto confuso oscilaba entre el dorado y el verde. Se pelo negro caía en forma de trenza por encima de su hombro derecho, aunque algunos mechones rebeldes le caían a los lados de la cara. El contraste entre el ocuro pelo y su pálida piel le hacía parecer una antígua princesa rumana.
- N...o -dijo entrecortadamente. Su garganta se había quedado seca, las palabras no salían.
- ¿Puedo sentarme? -preguntó al tiempo que sus mejillas se sonrojaban levemente. Dándole un aspecto enternecedor.
- Claro -dijo animado el niño.
- Gracias -descolgó la mochila y se sentó colocándola en su regazo.
- Hola me llamo Carlos y el es mi padre David.
- Encantada Carlos, David -les dio la mano a ambos, dejó en el asiento delantero su mochila, se quedó pensando un momento -¿Este asiento está ocupado?
- No -le contestó Carlos. David, no sabía porque pero se había quedado mudo.- Solo estamos aquí papa y yo.
- Bien, -ella volvió a sonreí y acomodó mejor los trastos en el asiento de delante. David la miraba como hipnotizado. De repente la chica se golpeó la frente con la mano, lo que los dejo un tanto descolocados a los dos- No me he presentado. -aclaró- Mi nombre es Patricia, aunque todo el mundo me suele llamar Trizia.
- Encantado -le dijo Carlos.
- Me alegro de conocerte -le dijo David controlando sus emociones. Ella le sonrió y se fijo en el libro que sostenía.
- Adiós -dijo el zorro- He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
- Conoces el libro -afirmó.
- Es uno de mis favoritos -le contestó ella. Se quedó en silencio unos segundos mirándoles fijamente.- Creoq que me caes bien.
- Vaya -no sabía mas que decir. Ella le sonrió de nuevo y se centró en buscar algo en su mochila.
- ¿Me permite ser indiscreta?
- Esto... supongo...
- ¿Placer o negocios? -David la miró confundido.
- ¿Como?
- El viaje, si es por placer o por negocios...-le explicó ella.
- Familia... y Negocios, voy a Valencia para instalarme allí con mis hermanos -no sabía porque se lo contó en ese momento, no sabía porque se sintió bien al hablar con ella y sobretodo no sabía porque tenía la sensación de que volvería a hacerlo.

enhorabuena por tu blog, me quedo por aquí...
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